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Errores de diseño y ejecución que disparan un proyecto.

Foto del escritor: Fabio Olarte
Fabio Olarte
10 sept
3 min de lectura

Actualizado: 11 sept

Decisiones técnicas prematuras que ayudan a evitar sobrecostos, retrasos y reprocesos.



Por Fabio Olarte | Arquitecto – Socio fundador de ANGULARES


A lo largo de mi ejercicio profesional he comprobado algo que parece obvio, pero que en construcción se sigue pasando por alto: muchos de los problemas de una obra no comienzan cuando se está construyendo. Comienzan mucho antes.


Un proyecto puede tener un buen lote, recursos suficientes y una idea arquitectónica interesante y, aun así, terminar con sobrecostos y retrasos. Con frecuencia esto sucede porque se toman decisiones sin contar todavía con la información necesaria o porque se inicia la ejecución dejando asuntos técnicos por resolver sobre la marcha.


Y resolver sobre la marcha casi siempre cuesta más.


Construir antes de tener el proyecto suficientemente definido

Uno de los errores más comunes es querer avanzar rápidamente a obra cuando todavía existen decisiones pendientes en arquitectura, estructura, instalaciones, materiales o detalles constructivos.


En planos, una modificación puede tomar unas horas. En obra puede significar demoler, retirar materiales, volver a comprar, contratar nuevamente mano de obra y modificar actividades que ya estaban programadas.


Por eso siempre he considerado que el tiempo dedicado a definir correctamente un proyecto antes de construir no es tiempo perdido. Es una de las primeras formas de controlar su costo.


Diseñar cada especialidad por separado

Arquitectura, estructura, redes eléctricas, hidráulicas y demás especialidades no pueden desarrollarse como documentos independientes que simplemente se juntan al final.


Cuando no existe una adecuada coordinación comienzan a aparecer situaciones conocidas: una tubería que atraviesa una viga, un ducto para el que nunca se dejó espacio, equipos que requieren condiciones que el diseño arquitectónico no contempló o elementos estructurales que obligan a modificar espacios ya definidos.


La coordinación técnica temprana permite identificar buena parte de estos conflictos antes de que lleguen a la obra.


Tomar decisiones únicamente por el precio inicial

En construcción, lo más barato no necesariamente termina siendo lo menos costoso.

Cambiar una especificación, un material o un sistema constructivo solamente porque tiene un menor precio puede generar después mayores tiempos de instalación, desperdicios, mantenimiento, menor rendimiento o incluso la necesidad de reemplazarlo.


Esto no significa que siempre haya que escoger la alternativa más costosa. Significa que cada decisión debería analizarse por su comportamiento dentro del proyecto completo.

El costo real no está solamente en comprar. También está en instalar, ejecutar, mantener y corregir.


No conectar el diseño con el presupuesto

Un proyecto arquitectónicamente atractivo pero económicamente inviable sigue siendo un proyecto que difícilmente podrá construirse como fue concebido.


Diseño y presupuesto deberían conversar desde las primeras etapas.


Definir áreas, sistemas constructivos, especificaciones y acabados sin tener alguna referencia económica puede llevar a descubrir demasiado tarde que el proyecto supera la inversión disponible. En ese momento comienza una etapa que conozco bien: reducir áreas, cambiar materiales, modificar diseños y volver a coordinar especialidades.


Es decir, rediseñar.


Hacer esas preguntas desde el principio permite tomar decisiones más conscientes y evita que el presupuesto se convierta en una sorpresa cuando buena parte del trabajo ya está desarrollado.


Improvisar durante la ejecución

Toda obra requiere capacidad para reaccionar a situaciones imprevistas. Eso es normal. Lo que no debería ser normal es convertir la improvisación en el método de trabajo.


Cuando no existen planos claros, especificaciones definidas, programación, responsables y mecanismos de control, muchas decisiones terminan dependiendo de quien esté disponible en ese momento.


Y una solución rápida puede resolver el problema del día, pero generar otro unas semanas después.


La obra necesita criterio técnico, pero también orden.


Una buena obra empieza mucho antes de construir

Con los años uno aprende que controlar un proyecto no consiste únicamente en vigilar cuánto se está gastando.


Consiste principalmente en evitar gastar dos veces.


Una decisión bien estudiada antes de iniciar puede evitar una demolición. Una correcta coordinación puede impedir un reproceso. Un presupuesto revisado oportunamente puede cambiar una especificación antes de comprarla. Y una adecuada planeación puede evitar que varios equipos de trabajo terminen interfiriendo entre sí.


Por eso, antes de comenzar una obra siempre vale la pena hacerse una pregunta sencilla:

¿Tenemos realmente suficiente información para construir lo que estamos a punto de ejecutar?


Si la respuesta todavía genera dudas, probablemente sea mejor resolverlas primero.

En construcción, anticiparse casi siempre resulta más económico que corregir.


Fabio Olarte

Arquitecto | Socio fundador de ANGULARES

Proyectos & Construcción – Observatorio ANGULARES

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